La noche iluminada por la cálida luna del verano transcurría por las baldosas de la rústica calle. Sobre el blanco mármol, aún más blanco y azul por la noche, se podían distinguir manchas de un líquido oscuro, quizás negro, quizás rojo, quizás ambos, no se podría asegurar. Se sentía una atmósfera fría a pesar de lo bochornosa que era la noche, aquella calle y aquel color era lo más frío que podía esperarse en esos días.
Al final de la calle podía observarse un pequeño altar, familiar para todos los del pequeño pueblezucho a las orillas de Veracruz, el pequeño pueblo olvidado por Dios. En el altar se veía a Jesucristo en su cruz, con su rostro elaboradamente tallado, su expresión era casi real, su piel palpitante, sus ojos cristalinos como el agua. A su lado había fotografías de los fallecidos en el lugar, según sus familiares así estarían más cerca del paraíso eterno. Y a sus pies, velas y flores plásticas, ¿que se esperaría del lugar más pobre del estado? La gente a duras penas había construido una calle decente para todo en lo que creía.La noche iluminada por la cálida luna del verano transcurría por las baldosas de la rústica calle. Sobre el blanco mármol, aún más blanco y azul por la noche, se podían distinguir manchas de un líquido oscuro, quizás negro, quizás rojo, quizás ambos, no se podría asegurar. Se sentía una atmósfera fría a pesar de lo bochornosa que era la noche, aquella calle y aquel color era lo más frío que podía esperarse en esos días.
Al final de la calle podía observarse un pequeño altar, familiar para todos los del pequeño pueblezucho a las orillas de Veracruz, el pequeño pueblo olvidado por Dios. En el altar se veía a Jesucristo en su cruz, con su rostro elaboradamente tallado, su expresión era casi real, su piel palpitante, sus ojos cristalinos como el agua. A su lado había fotografías de los fallecidos en el lugar, según sus familiares así estarían más cerca del paraíso eterno. Y a sus pies, velas y flores plásticas, ¿que se esperaría del lugar más pobre del estado? La gente a duras penas había construido una calle decente para todo en lo que creía.